miércoles, 3 de octubre de 2012

44.


He soñado con un cielo negro y sin estrellas. En él se proyectaba mi cuerpo desnudo bailando, desenfrenado. Un hombre hacía girar la manivela de un cinematógrafo con cada vez menos fuerza, y mi imagen se frenaba poco a poco. Mi cuerpo que baila se va a detener y siento una ola de terror que me arrastra a la vigilia. Me despierto con el grito en la garganta y la idea de que si pierdo el ritmo, el mundo se va a acabar.
Pero el sueño vuelve a arrastrarme a ese desierto donde el proyeccionista se queda sin vida, y con la suya se lleva la mía. Corro hacia él, histérica, y le ruego que no se detenga, pero es tarde. Hay un haz de luz que se rompe en el cielo, y mi cuerpo desnudo parpadea en un paso de baile suspendido antes de desaparecer.
Consigo despertar y no volverme a dormir, pero en el fondo sé que una parte de mí se ha quedado allí.

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